03 Abr 2017

Facturas impagadas: ¿qué hacer?

Facturas impagadas: ¿qué hacer?

A nadie se le ocurre ir a comprar al supermercado sin un céntimo en el bolsillo. De hecho, la situación resultaría incluso cómica. Sin embargo, cuando se trata de contratar los servicios de un autónomo o pyme, las cosas cambian. Hay quiénes aceptan el presupuesto y se benefician de un trabajo que, llegado el momento, no están dispuestos a pagar. La morosidad es uno de los grandes problemas que azota a las empresas españolas.

Reclamar Facturas Impagadas

Los autónomos tardan en cobrar las facturas procedentes de la Administración una media de 93 días, frente a los 30 que marca la ley, y de 85 días cuando se trata del sector privado, pese a que el límite legal es de 60. En otros casos, por desgracia, el cobro no llega nunca.

Si es emprendedor, sabrá bien lo que esto supone: un desfase de liquidez y tesorería, que puede llegar a acabar con el negocio. Para evitarlo, aconsejamos seguir siempre estas recomendaciones que le ayudarán a luchar contra la morosidad y a reclamar lo que le corresponde.

Evitar los impagos

Dice el refrán que “más vale prevenir que curar”. Si no quiere encontrarse con problemas a la hora de cobrar, debe tomar algunas precauciones antes de aceptar un encargo.

En primer lugar, elija bien con quién trabaja. No todos los proyectos le convienen y, a veces, decir no a un cliente es una salvación. En el caso de que el trabajo sí sea interesante y la cuantía económica tan grande que pueda hacer a su negocio tambalearse si se produce impago, investigue a la empresa en cuestión. Una buena opción es contar con un especialista que elabore un informe de riesgo y solvencia.

Otro de los aspectos fundamentales para luchar contra la morosidad es el presupuesto. En él debe detallar muy bien qué incluye el trabajo y cuáles son las condiciones de pago. Ese documento será clave para reclamar una factura impagada. Además, tenga en cuenta que está en sus manos decidir cómo quiere cobrar el encargo. Lo mejor es que exija un porcentaje por anticipado, de modo que, al menos, reciba una parte de la cuantía en tiempo y forma.

Y, por último, organización: facture rápido y controle los plazos de pago. A veces, parte del problema radica en nosotros mismos, que no prestamos atención a estas cuestiones hasta que es demasiado tarde y nos afectan de lleno.

Reclame las facturas impagadas de forma amistosa

Volvemos a un refrán: “Hablando se entiende la gente”. En ocasiones nos precipitamos y tendemos a pensar mal, cuando es posible que el retraso en el pago se deba simplemente a una confusión.

Antes de nada, compruebe que el error no viene por su parte. Asegúrese que hizo llegar la factura y revise bien en su cuenta bancaria si ha recibido el pago. Una vez que tenga esto claro, habla con el cliente. Puede llamarlo o quedar con él, pero en cualquier caso es conveniente que quede constancia por escrito de su reclamación.

Si, pasado el plazo acordado con él, y sigue sin recibir el dinero, insista… y vuelva a insistir. Remita cartas certificadas o burofax para que, en caso de tener que optar por la vía judicial, disponga de suficientes pruebas.

Tome medidas legales

Pero ¿qué pasa cuando todo lo anterior falla? Existen otros mecanismos para exigir el cobro, aunque solo debe recurrir a ellos en último lugar. Es decir, que solo son alternativas válidas cuando la suma de la deuda es elevada.

Si es su caso, puede optar por compañías especializadas en impagos que, aunque no son baratas, le permitirán minimizar las pérdidas. También puede recurrir a un abogado y abrir un proceso judicial. Siempre es recomendable acudir a expertos abogados en reclamación de deudas.

Fuente: El Economista

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