13 Jul 2015

Piratería agrícola llega a los tribunales españoles

Piratería agrícola llega a los tribunales españoles

El crecimiento significativo del número de licencias de explotación de variedades vegetales protegidas por el derecho de propiedad intelectual podría incrementar el número de litigios en los tribunales.

Piratería y el Derecho de Propiedad Intelectual

Cada vez es más habitual leer noticias sobre la piratería digital y las duras penas impuestas por el Código Penal. Sin embargo, es mucho menos frecuente toparse con sentencias sobre piratería agrícola, en las que los acusados son condenados por multiplicar, reproducir y vender plantas de variedades protegidas por derechos de propiedad industrial.

El último caso conocido que ha aterrizado en los tribunales acusaba a un vecino de Moguer (Huelva), que tiene un vivero, de realizar actos de reproducción y multiplicación masiva de plantas de la variedad de fresa Saborsa, protegida por los correspondientes derechos relativos a la propiedad industrial. El juez estimó la denuncia y condenó al acusado por un delito contra la propiedad industrial -tipificado en el artículo 274.3 del CP- a una pena de seis meses de prisión y a una multa de más de 2.000 euros, puesto que quedó demostrado que realizó este acto de multiplicación sin consentimiento o licencia concedida por el titular de los derechos.

Rafael López, director de la oficina de Valencia de Pons Patentes y Marcas Internacional, asegura que ésta podría ser una nueva tendencia en el futuro. “Teniendo en cuenta que el número de licencias de explotación de variedades vegetales protegidas ha experimentado un crecimiento significativo en los últimos años, es de esperar que el número de litigios por infracción de los derechos de propiedad intelectual de los licenciatarios también vaya en aumento”.

López apunta que habitualmente se tiende a infringir sobre todo los derechos de variedades vegetales protegidas, es decir, de derechos de obtención vegetal y no tanto de patentes sobre plantas transgénicas.

Dos variantes

“Es importante entender que la protección de material vegetal, mucho más común de lo que pensamos y lógico por la gran inversión que realizan las empresas para obtener plantas que mejoren continuamente a las anteriores, se hace principalmente por la vía de la patente o mediante la figura de la obtención vegetal. En el primer caso, con las patentes, se imponen ciertos requisitos como la novedad, la actividad inventiva, la aplicación industrial y otros no menos importantes como soporte y suficiencia en la descripción. Una vez concedida la patente, se dispondrá de 20 años de vigencia desde la fecha de presentación de la solicitud. La figura de la obtención vegetal puede proteger por esta vía variedades de todos los géneros y especies botánicas, incluidos los híbridos de géneros o de especies y sólo se conseguirán derechos para una variedad concreta si ésta es distinta, homogénea, estable y nueva”, explica el experto de Pons.

Por último, López añade que según el artículo 15 del Reglamento CE 2100/94 la protección comunitaria de obtención vegetales no se extiende a los actos llevados a cabo con carácter privado y con fines no comerciales; los que se realicen con fines experimentales; o aquellos que tengan por finalidad la obtención de otras variedades, o su descubrimiento y desarrollo.

Cumplimiento

Pero, ¿cómo se puede vigilar el cumplimiento de esta propiedad intelectual? Existen organizaciones como la compañía Geslive que se ocupan de la gestión, protección y defensa de los derechos sobre variedades vegetales protegidas. Simplemente, investigando en el campo. “Nuestros trabajadores están sobre el terreno, hablan con los agricultores que pagan las licencias y, en muchas ocasiones, son ellos los que nos ponen sobre la pista de usos sospechosos. Si verificamos que es el caso, pedimos una orden judicial para comprobar un posible uso ilícito -mediante una prueba genética de la planta- o advertimos a las fuerzas de seguridad para que constate la ilegalidad. Al final, se impone una denuncia al infractor”, comenta Antonio Villarroel, secretario general de Geslive.

Fuente: Expansión

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